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Sabado 18 de Agosto del 2018
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Relatorías: Espacios laborales y profesión

Judith Andrea Forero Vargas

2015-07-15
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Coloquio La Música como Profesión - Diálogos Interdisciplinarios

Línea temática en el coloquio La Música como Profesión: Espacios laborales y profesión


Judith Andrea Forero Vargas

Fecha: 23 de abril de 2015
Lugar: Bogotá, Universidad Externado de Colombia. Teatro Bloque A

Ponentes:
Luis Gabriel Mesa. Pontificia Universidad Javeriana
Sergio Andrés Hernández - Maestro, músico independiente

Panelistas:
Alejandro Mantilla - Ministerio de Cultura
Iván Benavides - Emprendedor, productor independiente
Jorge Sosa - Corporación Nueva Cultura
Carlos Miñana - Universidad Nacional
Juan Carlos Marulanda - Score musical
Maurizio Colì - Universidad Autónoma de Bucaramanga

Dinamizador: Ricardo Lambuley - Universidad Distrital

La línea temática: Espacios laborales y profesión, comprendió dos ponencias que la abordaron desde diferentes punto de vista, así como un Panel de Experiencias Significativas, en el cual seis músicos, investigadores, emprendedores y gestores culturales de amplia trayectoria, expusieron sus consideraciones con respecto a la profesión musical y al panorama actual de la disciplina. En desarrollo, tanto de las ponencias como del panel, se trataron problemáticas centrales que tocaron asuntos tales como, la importancia del emprendimiento y la gestión de proyectos en el ejercicio de la profesión musical; el valor de las industrias culturales dentro del espectro musical, y la necesidad de generar espacios de investigación y discusión alrededor de las problemáticas del sector, entre otros aspectos.



Ponencias

En la primera ponencia, que lleva por título: Hacia una construcción del concepto de músico profesional en Colombia: antecedentes de la educación musical e institucionalización de la musicología, presentada por Luis Gabriel Mesa, docente de la Pontificia Universidad Javeriana, se expone un sucinto balance de los resultados de su tesis doctoral, defendida en 2013 en la Universidad de Granada, en España. En dicha exposición, Mesa se refiere a la pertinencia de institucionalizar programas de musicología en Colombia, en espacios de pregrado, a la vez que presenta los diversos aspectos históricos, documentales, analíticos y de trabajo de campo, que tuvo en cuenta a la hora de “gestionar la inclusión de la musicología en la educación superior”; este proceso se realizó desde dos perspectivas: la primera, como herramienta de estudio para programas que no están destinados exclusivamente a la ciencia musicológica, pero que “requieren de ese componente dentro de su formación”; la segunda, para la institucionalización de planes curriculares especializados en el campo, específicamente en las Universidades Javeriana y Juan N. Corpas en Bogotá. Sobre este último enfoque, el ponente menciona que “la proyección laboral de quienes se están formando en musicología (…) ha tenido una actividad constante últimamente”.

En relación con los temas arriba referidos, el ponente plantea tres cuestionamientos que son fundamentales en su investigación, y que tienen que ver directamente con la música como profesión; estos son: “¿De qué carece la formación profesional ofrecida a los músicos en Colombia? ¿Qué factores de nuestra historia en materia de educación generaron dicha carencia? ¿Cómo podríamos contribuir a subsanarla?”. Dichos cuestionamientos parten de la importancia que manifiesta el expositor, de tener en cuenta factores relacionados con las “necesidades locales”, a la hora de proponer un programa nuevo dentro de la rama de los estudios musicales y específicamente un programa como el de musicología. Al respecto, el ponente manifiesta que elementos como la fundamentación en investigación, la conexión con los objetivos de las instituciones universitarias, y los lineamientos propuestos por el Ministerio de Educación, entre otros, fueron tenidos en cuenta en su propuesta, precisamente porque están en estrecha relación con las necesidades mencionadas. De igual manera, Mesa señala la importancia que tuvo en su proyecto el proceso de investigación adelantado, así como el balance histórico que realizó, respecto de la musicología en Colombia, lo cual le permitió además, llamar la atención sobre cómo ha habido un progresivo interés en generar una literatura local y un fortalecimiento de la investigación, en cuanto a la música nacional y lo musicológico se refiere. Para argumentar lo anterior, el ponente menciona las diferentes etapas que ha tenido la musicología en Colombia, desde los inicios de la era colonial, hasta la actualidad, incluyendo la era republicana y el extenso siglo XX, señalando que en dichas temporalidades, se compiló documentación de prácticas musicales, surgieron pioneros que reflexionaron de forma erudita y especializada en torno a la música y se crearon diferentes centros de investigación interesados en hacer musicología, o al menos, en generar conocimiento en áreas que podrían vincularse con dicha rama. Igualmente para respaldar esta hipótesis, menciona el surgimiento de diversas instituciones colombianas que se consagraron históricamente a la investigación musical, como el Departamento de Investigaciones Folclóricas del Instituto Popular de Cultura, el Instituto Colombiano de Etnomusicología y Folclor, o el Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional de Colombia; así mismo, alude el surgimiento de publicaciones tales como la Revista Colombiana de Investigación Musical y la Revista Ensayos.

Lo anterior, le sirve para mostrar los antecedentes que existen respecto del proyecto que se propone, citando además dentro de aquellos, las universidades que han sido pioneras en incluir cátedras de musicología, tales como: la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad del Valle, la Universidad de Antioquia y la Universidad EAFIT, que cuenta con una maestría que incluye un énfasis particular en musicología histórica y teórica.

En segunda instancia, Mesa aborda cómo, a partir de los procesos de análisis, reflexión e investigación, se realizó la gestión directa para la institucionalización de los programas mencionados. En tal sentido, en las universidades Javeriana y J. N. Corpas, se procedió a la formación de equipos y comités integrados por académicos, tanto para evaluar la “pertinencia de abrir musicología como pregrado”, como para hacer el diseño curricular y analizar los perfiles de los profesores de las distintas áreas. Por su parte, en las universidades Central y Sergio Arboleda de Bogotá, aunque no se “gestionó como tal la apertura de un énfasis en musicología”, sí se “incluyó la musicología como herramienta de estudio”, a partir de cuatro asignaturas en las cuales se propone una visión analítica, teniendo en cuenta fenómenos socio históricos, y buscando “formar en musicología más allá de que exista una carrera”.

Para finalizar, el ponente concluye su exposición tocando varios aspectos concernientes a la formación en musicología. En primer lugar, habla de la importancia de abordar, no solo una literatura extranjera, sino también los “materiales que en el nivel local están teniendo relevancia para nuestra educación colombiana”. En segundo lugar, señala diversas problemáticas y retos actuales frente a la educación en esa área, tales como: la necesidad de profundizar en la sistematización de documentación archivística; la formación en lenguas extranjeras para abordar una literatura amplia; el conocimiento del panorama sociopolítico y las garantías de seguridad en Colombia, a la hora de hacer investigación de campo, y el fortalecimiento y la capacitación de una planta docente, centrada en distintas áreas de la musicología. Así mismo, menciona la importancia de configurar redes accesibles para quienes están interesados en la musicología y quieran compartir sus conocimientos, aspectos sobre los cuales ya ha venido trabajando, a través de proyectos como la “Red de musicólogos y amigos de la investigación musical” que cuenta con un espacio en Internet y en redes sociales, y en la página web: http://mesamartinez.com/, en la cual se hallan contenidos relevantes para el gremio.

La segunda ponencia, que lleva por título: Popularización de la música académica. Interactuando con elementos visuales y escénicos, realizada por Sergio Andrés Hernández, se trata de una reflexión acerca de los espacios laborales del músico intérprete, así como de las posibilidades para su ampliación. Allí, el expositor señala la necesidad de transformar el formato performativo de la música académica, con el fin de atraer un público mayor del que generalmente asiste a este tipo de eventos, lo cual redundaría en favor de los intérpretes y de los espectadores.

A partir del relato de su experiencia personal, Hernández expone cómo durante su etapa de formación profesional como pianista, tuvo que afrontar diversas problemáticas, específicamente en lo relativo a la escasa audiencia interesada en el repertorio académico o erudito que él presentaba en diversos auditorios, lo que le llevó a cuestionarse sobre el sentido de su formación musical, las fallas al respecto, sus perspectivas como intérprete, y los modos de subsistencia una vez finalizados sus estudios. En tal sentido, Hernández toca una problemática que también será referida por algunos invitados al Panel de Experiencias Significativas, y es la dicotomía que existe entre lo que se enseña en las aulas universitarias y la realidad que deben afrontar los intérpretes, una vez inician su fase laboral. Al mismo tiempo, el ponente cuestiona el hecho de que, aunque en la universidad se pueda recibir una buena formación, en cuanto a lo académico e interpretativo se refiere, no se consolidan allí las bases suficientes que permitan tener, “pleno conocimiento de cómo moverse en el mercado”.

Con respecto a lo anterior, menciona el expositor que los conflictos arriba referidos, y su preocupación por hallar mecanismos para sustentarse gracias a su profesión, lo llevaron a reflexionar sobre la “importancia de la popularización de la música clásica”, dado que actualmente en Colombia esta música interesa a un público reducido, y sin embargo, para las personas formadas en ella, constituye el “producto” que conocen y pueden “vender”.

Ahora bien, para lograr dicha popularización, Hernández propone diferentes alternativas, tales como la innovación y el impacto visual del escenario; la configuración de herramientas de conexión con el público actual; el uso de medios tecnológicos, así como la creación de conciertos temáticos. Al respecto, también sugiere asuntos como profundizar en el conocimiento sobre las nuevas demandas del público; tener una compresión básica sobre la región y el contexto social del lugar donde se realizarán los eventos, y finalmente, un uso adecuado del marketing para promocionar los conciertos, pues según su consideración, “se le enseña al intérprete a hacer un producto intangible, el cual pocas veces es capaz de vender” y en esa medida menciona que, “es equivocado pensar que el arte musical se promociona por sí solo. Hay que salir a vender y saber cómo hacerlo”.

El ponente concluye su exposición, insistiendo en la necesidad de “integrar elementos artísticos o tecnológicos a las obras clásicas de concierto”, lo cual puede permitir que se enriquezca la escena, y se atraiga un mayor número de asistentes. Igualmente, enfatiza en que en el contexto académico, es positivo generar procesos de enseñanza con pautas de innovación y creación artística, “que faculten al estudiante para diseñar una propuesta de concierto, que difunda la música académica”.

Finalizadas las dos ponencias arriba reseñadas, no se abrió espacio para preguntas, conversatorios o debates en relación con las mismas.



Panel de Experiencias Significativas

En el Panel de Experiencias Significativas dinamizado por Ricardo Lambuley, se evidencian diversas problemáticas en torno a los músicos y al ejercicio musical en la actualidad, frente a las cuales los panelistas expresaron sus preocupaciones, experiencias y propuestas al respecto.

Alejandro Mantilla, del Ministerio de Cultura, señala la importancia de reflexionar sobre temas como: la configuración de los nuevos escenarios de creación y ejercicio profesional, que involucren la expansión de los procesos creativos y el uso de las nuevas tecnologías; la concordancia entre los enfoques de los espacios académicos y las necesidades, realidades y espacios laborales en su multiplicidad; la necesidad de desarrollar especialización y profundización investigativa, en torno a los saberes y condiciones de la población, respecto de lo artístico y su relación con lo económico, y sobre “el derecho de cada sujeto de estructurar su proyecto económico en equilibrio de sus intereses materiales y espirituales”, entre otros diversos temas. Así mismo, llama la atención sobre la acuciante necesidad de adelantar un marco de análisis, que indague sobre el impacto económico del sector musical en el país, e impele a la realización de estudios sobre la circulación de la música, las prácticas, y los hábitos de consumo musical en Colombia.

Por su parte, Carlos Miñana de la Universidad Nacional, invita a reflexionar sobre la importancia de la investigación en relación con lo musical, dado que esa actividad permite evidenciar las diversas problemáticas inmersas en dicho arte y oficio. Así mismo, insiste en la necesidad de crear organizaciones fuertes en cuanto a la investigación se refiere, y de fomentar publicaciones especializadas y redes para la circulación de información, que amplíen el espectro académico de la música. Igualmente, aludiendo a la temática principal del Coloquio, invita al cuestionamiento y al debate acerca de si, basándose en la perspectiva de la sociología de las profesiones, el ser músico se puede considerar precisamente como una profesión.

Así mismo, el emprendedor y productor independiente Iván Benavides, llama la atención sobre la importancia de configurar una industria cultural fuerte y “policéntrica” en Colombia y Latinoamérica, pues sin ella, “se corre el peligro de perder la diversidad [cultural], y de volvernos consumidores” de lo que se produce y divulga desde los espacios hegemónicos de producción de la cultura mainstream. Para ello, Benavides menciona que es fundamental el fomento de políticas públicas que incentiven y fortalezcan dichas industrias, no desde un modelo asistencialista estatal, que lleve a considerar que la cultura es algo que se “provee”, sino desde el incentivo del estado hacia las iniciativas que generan la sociedad civil, las comunidades o la empresa privada, para configurar una industria cultural que realmente logre tener un alto impacto en el país.

Por otra parte, los panelistas Juan Carlos Marulanda, Maurizio Colì y Jorge Sosa Santos, comparten acerca de sus proyectos de emprendimiento, los cuales les han servido para solucionar algunas problemáticas relacionadas con su ejercicio profesional en la rama musical.

Sossa Santos habla sobre su proyecto: “Escuela Nueva Cultura”, el cual está catalogado como educación no formal y expone que ese espacio se enfoca hacia la labor y la acción musical, más que hacia el trabajo propiamente dicho; en tal sentido, lo define como un lugar en el cual los estudiantes, “acceden a un derecho cultural de la musicalización” y se enfocan más en “la dinámica del cuerpo y la necesidad expresiva de la búsqueda del deseo”. Así mismo, partiendo de su experiencia con la institución mencionada, Santos aboga por la formación de músicos que sean acordes a la realidad del país y a su diversidad cultural, para lo cual, según su apreciación, deberían proyectarse como principal objeto de estudio, las músicas tradicionales y populares colombianas.

Finalmente, Juan Carlos Marulanda de Score Musical y Maurizio Colì, de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, se refirieron específicamente a sus proyectos de emprendimiento, los cuales surgieron a partir de las crisis que vivieron en su ejercicio profesional como compositores, intérpretes y arreglistas. Ello los impulsó a crear, en el primer caso, la empresa Score Musical, dedicada a “venta de productos y prestación de servicios relacionados con la edición de partituras”, la cual ya cuenta con una trayectoria de diez años, y para el caso de Maurizio Colì, una iniciativa de venta de partituras de arreglos de música pop, con influencia de música culta, las cuales ha difundido a través de Internet.



Preguntas y reflexiones finales

Al finalizar las intervenciones de los seis panelistas, y con el fin de hacer un balance de las diversas ideas presentadas por aquellos relacionadas con la discusión sobre la música como profesión, el dinamizador resalta como punto central en torno al panel, el tema de la tensión entre “el modelo educativo de la formación musical universitaria, [y] las dinámicas culturales” que se dan en el sector musical. Igualmente, señaló como tópico para la reflexión, el “cómo se entiende hoy en día la noción de investigación creación”, como alternativa para el campo de la educación y de la formación musical universitaria, la cual permita “reconocer unos saberes, una producción intelectual, una puesta razonada y cognitiva, frente a demandas sociales y culturales”. Al finalizar su presentación, invita a realizar una ronda de preguntas a partir de las cuales los invitados al panel puedan igualmente conversar y debatir.

En tal sentido, surgen desde el público cuestionamientos en torno a asuntos como: la relación entre la formación musical que se imparte en las universidades, y el quehacer del egresado en el mercado laboral; la contradicción existente entre las expectativas de los estudiantes y su interés por la música popular, y los cánones académicos establecidos en la universidad; la preparación que habría de ofrecer la universidad con respecto a los espacios del mercado laboral y musical, y el tema de “investigación creación”, como posibilidad de solucionar las diversas problemáticas alrededor del oficio de los músicos.

Los panelistas atienden dichos cuestionamientos, señalando entre otros y en resumen los siguientes aspectos: con respecto a los espacios de formación profesional en música, se señala que estos deben reconocer la música popular, tanto la nacional como la internacional. Igualmente, se indica que el asunto del ser profesional en música no está estrictamente relacionado con el conocimiento académico, sino que también ha de considerarse desde el quehacer práctico. Se hace un llamado a superar el sesgo academicista, a la hora de reflexionar acerca de lo que significa ser profesional en el campo musical y se señala que en la actualidad el asunto tecnológico es de suma importancia y debe involucrarse en los currículos académicos, puesto que un músico ya no puede pensarse aislado de la tecnología que le rodea. Así mismo, se menciona la idea de que la academia debería preocuparse por formar artistas de trayectoria, que generen buenos e innovadores productos musicales, los cuales puedan permanecer por largo tiempo en el mercado. Por otra parte, con respecto a la investigación se manifiesta que resulta fundamental para abordar aspectos como lo pedagógico o la gestión de proyectos, razón por la cual se requieren políticas públicas claras que permitan ampliar el apoyo hacia ese campo, concretamente desde el sector público, dado que desde el sector privado no hay interés en financiar proyectos de ese tipo, al menos en Colombia.

Finalmente, con respecto a los aspectos socioeconómicos del sector musical, se plantean tres tópicos relevantes a tener a cuenta: primero, que el desarrollo económico de la música en el país es una tarea colectiva, la cual no solo compete a los productores, difusores o managers, sino que requiere de la participación de todos los implicados, incluida también la academia; segundo, que la “corporativización” o agremiación de los músicos es fundamental, y podría organizarse “subsectorialmente”; y finalmente, que es necesario consolidar en Colombia nuevas líneas de fomento a lo musical, para que “los saberes especializados se consoliden en niveles superiores”, y se den procesos graduales de sistematización de ese saber, así como de sus logros profesionales y de las prácticas en relación con la música.

Sobre ese mismo tema, se señala además que la universidad no está en posibilidades de garantizar el éxito económico del profesional en música, así como no lo garantiza en ninguna otra área. Por esta razón, se expone que puede resultar más funcional que los músicos se consideren “anfibios” o “polivalentes”, es decir, que no se limiten a un solo tipo de actividades musicales, sino que tengan en cuenta, por ejemplo, que se puede trabajar tanto en un concierto sinfónico, como en una presentación privada, en un festival, o en una presentación pública más comercial, diversificando su “labor” como músicos, así como los espacios laborales a los que pueda acceder.

Tras las apreciaciones y aclaraciones hechas por los panelistas respecto de los cuestionamientos planteados por el público, se cierra la línea de trabajo que compete a esta relatoría.


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