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Ibagué, la ciudad musical de Colombia: Una mirada crítica a partir de la historia

Juan Gabriel Alarcón Carreño

2016-09-15



Ibagué, la Ciudad Musical de Colombia: una Mirada Crítica a partir de la Historia



Introducción

Mucho se ha argumentado y debatido acerca de si Ibagué es realmente la ciudad musical de Colombia. Este debate cobró fuerza a partir de marzo del 2012, año en el cual Bogotá fue declarada por la Unesco como la ciudad de la música, destronando el título que ostentaba Ibagué por varias décadas. Sin embargo, este debate no ha cesado y son varios los defensores que sostienen que Ibagué, pese a todo, aún sigue siendo la ciudad musical.

Surgen, a partir de este momento, varios interrogantes. El primero, ¿quién o quiénes nombraron a Ibagué como la ciudad musical de Colombia? Segundo, ¿qué sucesos históricos se dieron para que Ibagué fuera reconocida como tal? Y tercero, ¿qué características y/o condiciones debe tener una ciudad para ser nombrada como ciudad musical? Para tratar de responder a estos interrogantes, debemos adentrarnos en la historia y comprender las circunstancias que llevaron a Ibagué a convertirse en la ciudad musical de Colombia.


1. Contexto Histórico

Cuenta la historia que Ibagué fue visitada en 1866 por un explorador francés conocido como el Conde de Gabriac, quien recorrió la Nueva Granada, Ecuador, Perú y Brasil, y durante su travesía logró llegar a Ibagué. Durante su recorrido, el Conde consignó todas sus impresiones en un libro titulado Viaje a través de América del Sur y al llegar a Ibagué, se dice que quedó tan impresionado al escuchar las serenatas nocturnas, que escribió en su libro: “En Ibagué les encanta la música”.

Pero, realmente, ¿qué fue lo que escuchó el Conde Gabriac durante su estancia por Ibagué? Para esta época, de acuerdo con los textos de historia de la música en Colombia, Ibagué aún no contaba con una orquesta o una banda, ni tampoco con coros, pues todavía el Conservatorio no había sido fundado. Entonces, probablemente el Conde haya vislumbrado los conjuntos de música tradicional integrados en su mayoría por campesinos, indios y jornaleros, que, con sus instrumentos típicos como guitarra, tiple, bandola, flautas y tamboras, interpretaban los aires tradicionales como el bambuco y el pasillo, entre otros, después de su jornada.

Pese a todo, aún se tiene muy poca información sobre el Conde de Gabriac. Entonces, ¿Ibagué debe su fama de ciudad musical a las palabras de un personaje poco conocido en la historia? Recientemente el escritor Álvaro Cuartas Coymat (2013), publicó un libro titulado El Conde de Gabriac en Ibagué, en el cual el autor desmitifica al Conde y lo hace ver como un personaje real, un diplomático cuyo paso por Ibagué dejó huella en la historia de la ciudad. En este texto se pueden apreciar algunas citas del Conde de Gabriac que permiten reconstruir un poco la vida musical en Ibagué por ese entonces.

En Ibagué, les encanta la música y los aficionados, los artistas y los virtuosos, enamorados o mendigos se pasean juntos y tocan bajo las ventanas de sus hermosas, como en los viejos tiempos” (Coymat, 2013, p. 24).

Algo muy importante para destacar es que en Ibagué ya se enseñaba música en la escuela que estaba bajo la dirección del señor Sicard, el cual mostró las instalaciones al Conde:

Este establecimiento está bien mantenido y tiene cerca de treinta estudiantes. Se les enseña francés, latín, caligrafía y guitarra” (Coymat, 2013, p.24).

Pero no todas las experiencias musicales que vivió el Conde de Gabriac durante su corta estadía por Ibagué, fueron del todo agradables. Una de ellas fue protagonizada por el profesor Sicard cuando contrató una docena de músicos e invitó al Conde a su casa:

Por separado, tocaban bastante bien melodías muy simples que conocían, pero como una orquesta no se improvisa, nos obsequiaron un horrible ruidaje (una cencerrada)” (Coymat, 2013, p.25).

Quizás, el suceso más cómico fue que el protagonizó un clarinetista cuyo sonido era, según el Conde, insoportable.

Sobre todo el clarinete tenía un falsete capaz de lograr pepinillos en conserva. Yo mismo tuve que sacárselo de la boca al que se lo había tragado, extracción difícil, porque el artista se lo había engarzado en la garganta con riesgo de asfixia pero no lo quería soltar, ya que estaba convencido de que yo estaba dándole cumplidos, mientras que en mi mal español trataba de hacerle entender, con delicadeza, que era insoportable” (Coymat, 2013, p. 25).

Pero el suceso musical que tal vez llamó más la atención del Conde, fue el haber presenciado una batucada conformada por indios, negros y cholos. Allí, el Conde se vio atraído por la música un tanto ruidosa al principio, por los bailes y por los instrumentos tradicionales como la carrasca y el alfandoque.

De todos modos, este “batouque” nos interesó tanto por su originalidad, que nos quedamos hasta las dos o tres de la mañana, lo cual no nos impidió levantarnos temprano, porque el día que iba a comenzar no podía ser inferior a los anteriores” (Coymat, 2013, p. 29).

También se tiene noticia de otro viajero, en este caso un suizo llamado Ernesto Rothlisberger quien, acerca de su impresión sobre Ibagué en el año 1882, el escritor Helio Fabio González en su texto Ibagué, ciudad musical, citó:

Una noche nos dieron en Ibagué una serenata. Eran músicos que dominaban la guitarra, el tiple y la bandola como verdaderos virtuosos y tocaban acertadamente incluso algunas obras clásicas. Al escuchar los primeros compases, nos levantamos de la cama, y, envueltos en largas mantas y con el sombrero puesto, hicimos pasar a los músicos para ofrecerles el consabido trago de brandy. Los brindis improvisados que se dijeron en aquella nocturna y extraña reunión fueron tan graciosos como atrevidos.”

Estas palabras del Conde de Gabriac al parecer le permitieron a Ibagué adueñarse del título de “Ciudad musical” y tomar impulso para empezar a crecer en el ámbito musical. Un ejemplo de ello es el Conservatorio del Tolima, que fue fundado en 1906 y que indiscutiblemente ha sido una de las instituciones musicales más importantes del país. Sin lugar a dudas, la historia de Ibagué y el Tolima se parte en dos con la fundación de dicha institución.

Una de las características importantes en la vida musical de Ibagué y que la destaca de otras ciudades es que la música siempre ha tenido un carácter oficial. Humberto Galindo (2009) comenta:

La práctica de la música en Ibagué tuvo desde sus inicios un rasgo de oficialidad como en pocas ciudades, su primer episodio lo marca la fundación del colegio San Simón por el General Francisco de Paula Santander, en el año de 1822 […] La clase de música del Colegio San Simón se sostuvo hasta 1893; en esta fecha mediante el decreto 121 del 20 de abril se constituyó en Academia de Música de Ibagué” (Galindo, 2009, p.46).

Las primeras instituciones musicales en Ibagué, sirviendo de base a lo que sería posteriormente el Conservatorio, fueron la Banda Militar de Música, que posteriormente pasó a llamarse Banda Departamental en el año de 1889. Esta banda, aparte de brindar retretas y ambientar los eventos públicos, también cumplía una función social, ya que en ella se brindaban clases de música a quienes lo solicitaran. Según Helio Fabio González (1986) en el decreto N° 144 del 28 de agosto de 1889 en sus artículos 1, 11 y 12 se cita:

En la banda se enseñará música gratuitamente a quién lo solicite, siempre que se sujete a las obligaciones impuestas en el reglamento para este caso” (González, 1986, p. 21).

De esta manera, la Banda Departamental llegó a convertirse en una de las primeras escuelas de música de la ciudad.

Según José Ignacio Perdomo Escobar en su libro Historia de la música en Colombia, uno de los pioneros de la música en Ibagué fue Antonio Sequera. Perdomo Escobar (1980) cuenta:

El precursor de la música en Ibagué fue el presbítero Antonio Sequera, organista de Cartagena, párroco de la ciudad, donde dio lecciones de canto y enseñó a tañer instrumentos de cuerda” (Perdomo E., 1980, p.208).

Otro de los factores que más ayudó en el cultivo de la música en el siglo XIX fueron las familas Sicard y Melendro, que fundaron una escuela de piano y cuerdas. Humberto Galindo (2013) comenta:

Para historiadores como Héctor Villegas (1962) la música constituyó un elemento realmente transformador en la sociedad ibaguereña del siglo XIX, gracias a las iniciativas de las familias Sicard y Melendro, que sirvieron de preámbulo para la constitución de la academia de música y el posterior Conservatorio del Tolima, bajo la tutela de Alberto Castilla” (Galindo, 2013, p.185).


Alberto Castilla

Uno de los personajes más importantes en el desarrollo musical de la ciudad fue Temístocles Vargas, quien fundó y dirigió una academia de música para varones y una escuela femenina de canto en 1892. Otro de los personajes fue Pablo Domínguez, director de la escuela de música de Ibagué hasta 1907. Esta escuela de música, se puede afirmar, fue la directa antecesora del Conservatorio del Tolima, el cual Alberto Castilla dirigió a partir de 1909. Desde entonces, y gracias al Conservatorio, Ibagué se empieza verdaderamente a consolidar como la ciudad musical de Colombia con eventos importantes como el Concurso Polifónico Internacional Ciudad de Ibagué, el cual fue creado por Amina Melendro de Pulecio, antigua discípula de Castilla y quien tomaría las riendas de la institución después de la muerte de Castilla.

Amina Melendro fue siempre una visionaria, cuya meta fue siempre ayudar a las clases sociales menos favorecidas. Este ideal sirvió de base para realizar toda su gestión a lo largo de varias décadas. Luz Alba Beltrán (2009) nos dice:

Para la señora Amina era mucho más importante realizar un Conservatorio sin exclusiones sociales, que un Conservatorio de sólo clase social alta o elitista” (Beltrán, 2009, p.68).

Amina Melendro de Pulecio

Entre sus gestiones en el Conservatorio está la reestructuración de la Escuela de Música concebida como un semillero musical, el Bachillerato nocturno, la consolidación del Conservatorio como Institución de Educación Superior y sin lugar a dudas, el más importante, el Bachillerato musical, el cual, desde su creación mediante la resolución N°. 177 del 28 de enero de 1960 fue único en América Latina y se constituyó en el programa que vio nacer grandes músicos que posteriormente pasaron a integrar las orquestas sinfónicas y filarmónicas en el país y en el exterior. Otro de los logros a destacar fue la creación del Concurso Internacional de Coros Ciudad Ibagué, el cual le dio prestigio a la institución, logrando contar con los mejores coros del mundo y posicionando a Ibagué en el panorama nacional y mundial. Luz Alba Beltrán (2009) comenta al respecto:

Estos concursos trajeron a Ibagué los mejores coros del mundo, y posicionan el nombre del Conservatorio y del Tolima y sobre todo el nombre de Colombia ante los ojos de las mayores potencias a nivel musical en el mundo” (Beltrán, 2009, p. 70).(Beltrán, 2009, p.68).

Sin lugar a dudas, otro de los eventos importantes en la vida musical y, en el cual Ibagué fue pionera fue el I Congreso Nacional de la Música entre el 15 y 19 de enero de 1936, organizado por el Conservatorio del Tolima con el apoyo del Ministerio de Educación Nacional y la Dirección Nacional de Bellas Artes, cuya finalidad era abordar las diferentes problemáticas en torno a la exclusión de algunas regiones del país en cuanto a temas de identidad musical se refiere y a la educación musical en Colombia. Fernando Gil (2014) anota sobre los congresos nacionales de música:

Los congresos nacionales de la música trataron de democratizar la participación de los músicos de las diferentes regiones en la construcción de la música nacional, buscaron un mayor acceso de población a la educación especializada en música, al retomar la bandera de la divulgación y apropiación del conocimiento científico en la formulación de problemas en torno a la pedagogía musical y el arte” (Gil, 2009, p. 21).


2. Ibagué y su Posición en la Historia de la Música en Colombia

Parece inverosímil pensar que pese a la historia y gran tradición musical que ha tenido Ibagué a lo largo del siglo XX y siendo “la ciudad musical”, Ibagué no cuente con un espacio importante en la historia de la música en Colombia. Si bien es cierto que existen muy pocos libros sobre historia de la música en Colombia y que aún falta mucho por investigar en nuestro país en este terreno, los historiadores o musicólogos muy poco o casi nada han escrito sobre la historia musical de Ibagué, centrando su atención en otras ciudades como Cali y Medellín, pero sobre todo, Bogotá. Este fenómeno se debe a varias razones: la primera de ellas es el centralismo, que ha ocasionado, a través de la historia, el desconocimiento y olvido de las demás regiones de Colombia, a la vez que Bogotá se ha beneficiado en los diferentes aspectos de la vida política, económica, social y cultural. Al respecto, Ellie Anne Duque (2000) comenta:

El centralismo administrativo que caracteriza al estado colombiano ha permitido que toda empresa musical en Bogotá cuente con alguna medida de organización y respaldo oficial efectivos; como resultado, las instituciones bogotanas fueron y son más estables, la actividad operática y de conciertos en general tuvo y tiene mayor continuidad, hay un mercado más grande para la impresión y venta de partituras, etc.” (Duque, 2000, p. 125).

La segunda razón es la falta de interés o desconocimiento por parte de los historiadores y/o musicólogos de la historia musical de Ibagué. Estas razones se pueden sustentar debido a que, como se mencionó anteriormente, los libros de historia de la música en Colombia nombran muy poco o casi nada a Ibagué. Un ejemplo de ello se puede encontrar en el libro Historia de la música en Colombia, de José Ignacio Perdomo Escobar, que es quizás el más importante texto que se ha escrito en nuestro país en este campo. Acerca de este libro, Carlos A. Sterling (1984) nos comenta:

En lo que se refiere a Colombia, lo poco que se ha investigado se relaciona con la actividad musical eclesiástica centrada en Santa fe de Bogotá y su catedral. Quien más se ha acercado a estos temas ha sido el sacerdote José Ignacio Perdomo Escobar” (Sterling, 1984, p. 216).

Sin embargo, Perdomo Escobar centra casi toda su atención en Bogotá y sus alrededores y profundiza en temas como el Conservatorio Nacional de Música y Guillermo Uribe Holguín, en la Academia Nacional de Música y la Sociedad Filarmónica entre otros, dedicando tan sólo unas cuantas líneas a Ibagué y al Conservatorio del Tolima, algunas de las cuales me permito citar a continuación:

El precursor de la música en Ibagué, fue el presbítero Antonio Sequera, organista de Cartagena, párroco de la ciudad, donde dio lecciones de canto y enseño a tañer instrumentos de cuerda. En 1886 las familias Sicard y Melendro fundaron una Escuela de cuerda y piano, que posteriormente encauzan el Colegio de San Simón, y la Academia de Música de Ibagué.”

Alfonso de la Espriella Ossio en el texto Historia de la música en Colombia: a través de nuestro bolero, en su capítulo “Antecedentes musicales en Colombia”, hace un recorrido por Cartagena y la Sociedad Filarmónica, la Sociedad Filarmónica de Conciertos de Bogotá, los precursores del siglo XX, el teatro Colón, entre otros, pero no menciona a Ibagué; por el contrario, sitúa a Ciénaga (Magdalena) como la cuna de la música en Colombia. Al respecto, de la Espriella (1997) escribió:

Para esa época de comienzos de nuestro siglo Ciénaga tenía una Escuela de Música y un Centro Artístico donde continuamente llegaban figuras europeas de la música y otras actividades culturales. Las mejores compañías de teatro y zarzuela españolas o italianas también la visitaban con frecuencia” (de la Espriella, 1997, pp. 107-108).

Esta referencia da cuenta de la actividad cultural y musical que existió en Ciénaga a principios del siglo XX, debido en parte a la gran bonanza bananera una vez concluida la Guerra de los Mil Días. Posiblemente, Ciénaga pudo llegar a ser uno de los centros musicales más importantes de nuestro país y haber obtenido el título de “Ciudad musical”, si no hubiera sido por la falta de gestión. De la Espriella (1997) comenta al respecto:

Pero posiblemente a Ciénaga le hizo falta en su momento oportuno un dirigente cívico que dedicara su prestigio y entusiasmo no sólo a resaltar su posición de ciudad musical por naturaleza, sino a declararla la Ciudad Musical de Colombia. Como hubo otra que sí cumplió generosamente con estas alternativas, y con justicia y merecimiento desde hace muchos años se le conoce como la Capital Musical de Colombia, se podría pensar en conceder a Ciénaga el justo título de Cuna de la música en Colombia” (de la Espriella, 1997, p. 110).

Esta aclaración deja entrever que la disputa de otras ciudades por el título de Ciudad Musical no es algo reciente sino que viene de tiempo atrás, y como se pudo observar, la historia de la música en Colombia y los historiadores, hasta el momento, no le han dado un lugar importante a Ibagué, a pesar de ser la “Ciudad musical de Colombia”.

La tercera razón es que quizás Ibagué no fue un centro musical tan importante para los historiadores como se ha creído. Si se observa detalladamente la actividad musical y cultural que vivieron otras ciudades como Bogotá, Cali, Medellín o Cartagena durante los siglos XIX y XX, es posible entender que fueron centros musicales iguales o incluso más importantes que Ibagué. Cabe recordar la Fundación de la Sociedad Filarmónica de Cartagena, fundada en 1848, la Escuela de Música Santa Cecilia en Medellín, fundada en 1888, el Conservatorio de Cali (actualmente Antonio María Valencia), en 1933.

Sea la razón que fuere, lo cierto es que la historia musical de Ibagué se puede empezar a rastrear desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días, y es muy difícil la reconstrucción histórico-musical de la ciudad en las épocas anteriores, debido a la falta de documentación y fuentes bibliográficas que permitan realizar un estudio sobre la actividad musical de Ibagué en los tiempos de la Colonia. Como se sabe, una de las principales fuentes de los investigadores son los archivos y partituras conservados en las iglesias o catedrales. Ibagué no cuenta con este tipo de fuentes y es quizás por esta razón que la historia musical de Ibagué no tenga tanto interés como la de Bogotá, cuyos archivos musicales conservados en la Catedral Primada y toda la documentación y textos de la época de la colonia dan cuenta de la vida musical bogotana, la cual cuenta con una gran tradición e historia.

Bogotá, al ser la capital del país, ha sido el centro cultural por excelencia a través de la historia colombiana y el punto de partida de los historiadores para contar los sucesos más importantes que marcaron nuestra historia. Este hecho desencadenó en un centralismo que predominó a lo largo del siglo XX. Estas razones han generado que los textos y libros sobre la historia de la música en Colombia no tengan muy en cuenta como un centro importante a Ibagué.


3. Bogotá, la Ciudad de la Música

El gran movimiento musical y cultural que ha vivido Bogotá en las últimas décadas, junto con una infraestructura que abarca las diferentes localidades de la ciudad desde una visión de cambio y transformación social a través de las artes, han hecho que Bogotá fuera declarada por la Unesco en marzo de 2012 como la “Ciudad de la música”. Esto significa que Bogotá entró a formar parte de la Red de Ciudades Creativas de la Música, convirtiéndose en la primera ciudad de América en ingresar, y que a su vez comparte este título con otras ciudades como Sevilla, Bologna, Gent, Glasgow y Brazzaville.

Este proceso se inició en el 2009, cuando Bogotá comenzó a ver la música como una de sus fortalezas para generar procesos de transformación social y de cambio que le permitieran posicionarse en el plano nacional e internacional.

Bogotá realiza anualmente diferentes eventos y conciertos, no sólo desde lo sinfónico, sino también desde otros espacios y expresiones musicales que van desde lo urbano a lo popular. Esta actividad ha generado un ambiente muy nutrido y variado, dando cabida a las diferentes manifestaciones artísticas de la ciudad. Se pueden observar eventos como el Festival de Salsa al Parque, Rock al Parque, jazz, el Festival Internacional de Música, la Temporada de ópera, la Temporada de Zarzuela, entre otros. Bogotá también cuenta con las dos orquestas más importantes del país, la Filarmónica de Bogotá y la Sinfónica de Colombia, que desarrollan temporadas muy variadas, realizando numerosos conciertos anuales en los diferentes escenarios de la ciudad. También muchas universidades, tanto públicas como privadas, ofrecen programas de música, que dan cabida a estudiantes de diferentes partes del país.

Pero este movimiento musical no es reciente. Bogotá, a través de la historia, siempre ha sido el centro musical más importante del país. Ellie Ann Duque (2000) escribe al respecto sobre Bogotá:

El devenir de la práctica musical en Bogotá durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX afectó el desarrollo de la música en todo el país. Es en la capital donde primero se fundan las agrupaciones musicales y los establecimientos de estudio que permiten definir y desarrollar el sentido de una actividad musical organizada” (Duque, 2000, p. 125).

Es interesante analizar cómo el Concilio de Trento, llevado a cabo a finales del siglo XVI, fue uno de los motores que impulsó la enseñanza de la música en América. A partir de su realización se crearon diferentes colegios seminarios, en los cuales la música era parte vital en la formación de los clérigos. Allí se enseñaba canto gregoriano y polifonía. Egberto Bermúdez (2000) escribió:

El verdadero afianzamiento de la instrucción musical en Santafé de Bogotá se logró alrededor de 1581, mediante la fundación del Colegio Seminario de San Luis por parte del Arzobispo Fray Luis Zapata de Cárdenas” (Bermúdez, 2000, p.39).

Cabe también recordar la Sociedad Filarmónica de Bogotá (1846-1857), una de las primeras sociedades artísticas del país que ayudó a elevar el nivel musical y a mejorar la actividad cultural de la ciudad. Ellie Ane Duque (2000) en el libro Historia de la música en Santafé y Bogotá, comenta:

La Sociedad Filarmónica desempeñó un papel cultural protagónico en Bogotá y fue un medio importante para alentar a los compositores en su actividad creadora” (Duque, 2000, p. 132).

También es importante mencionar la Academia Nacional de Música (1882- 1910), fundada por Jorge Price, y cuyo sucesor Guillermo Uribe Holguín convertiría más adelante en el Conservatorio Nacional de Música.

Debido a su historia y a la actividad musical y cultural que vive en la actualidad, no en vano Bogotá fue declarada la ciudad de la música.


4. Ibagué y su Actualidad Musical

Ibagué, la Ciudad Musical de Colombia, no cuenta en la actualidad con un lugar importante en el panorama musical del país, lo cual ha ocasionado que se cuestione el título que orgullosamente ha lucido en el último siglo. Si bien es cierto que Ibagué tuvo un auge muy importante en el ámbito musical durante el siglo XX con el Conservatorio del Tolima como su institución insignia encabezada por doña Amina Melendro, hoy en día la situación ha cambiado mucho, dejando un rastro de nostalgia por un pasado que quizás no volverá. Pero, ¿cuáles fueron las razones por las cuales la música en Ibagué entró en crisis?

Uno de los primeros factores a tener en cuenta, es que Ibagué se conformó con tener solamente una institución musical a lo largo del siglo XX, como lo fue el Conservatorio del Tolima, y no se preocupó por crear más instituciones o academias que nutrieran y complementaran los procesos de formación musical en la ciudad. En definitiva, Ibagué se convirtió en una ciudad Conservatorio-dependiente, siendo el Conservatorio la única institución que se encargó, no sólo de los procesos de formación musical de la región, sino de todas las actividades musicales y culturales durante décadas.

En el año 2000, la Gobernación del Tolima se sumió en crisis e ingresó en la ley 505 de reajuste fiscal hasta agosto del 2008, época en la cual el Conservatorio del Tolima dejó de recibir los recursos correspondientes al 1,8% del presupuesto anual según la ordenanza 0067 de 1991. Al sufrir la Gobernación crisis fiscal, el Conservatorio también entró en crisis y a su vez la música en Ibagué. Este fenómeno generó que muchos de los maestros se fueran a otras ciudades, afectando el nivel musical de la institución. A esta problemática económica se le suman otros factores de tipo político que generaron que el programa emblemático del Conservatorio, el verdadero semillero, el Bachillerato Musical, se separara de la Institución y se convirtiera en lo que hoy en día se conoce como la Institución Educativa Técnico-musical Amina Melendro (Conservatorio de Ibagué). Hasta el día de hoy, pese a que la Gobernación del Tolima ya superó la crisis fiscal, no ha vuelto a desembolsar los recursos que le corresponden al Conservatorio del Tolima por ordenanza.

Esta problemática presupuestal también afectó otra de las agrupaciones insignias del Departamento y de la Ciudad, como lo fue la Banda Sinfónica Departamental, que con una tradición de más de cien años, fue liquidada en el 2001. Otro de los factores fue la desaparición de agrupaciones tan importantes como el Coro del Tolima y la realización de eventos tan valiosos como el Concurso Polifónico Internacional. En Ibagué, durante el siglo pasado no surgieron agrupaciones importantes, por el contrario, las que había, como las ya mencionadas, se terminaron. Esta situación llevó a que en la actualidad Ibagué no cuente con agrupaciones profesionales, como un coro polifónico, una banda departamental y/o municipal o una orquesta filarmónica, a diferencia de otras ciudades como Bogotá, Cali, Manizales o Medellín.

En la actualidad, Ibagué cuenta con dos conservatorios, el Conservatorio de Ibagué (antes Bachillerato Musical) y el Conservatorio del Tolima (Institución de Educación Superior). Ambos carentes de recursos por parte de la administración y divorciados uno del otro. Cabe destacar que las orquestas que tiene la ciudad actualmente, Orquesta del Conservatorio del Tolima, Orquesta del Amina Melendro y Orquesta de la Universidad del Tolima, son institucionales, mas no profesionales. Este fenómeno ha generado que existan pocos espacios y oportunidades laborales para los músicos de la ciudad.

Sin embargo, pese a todas las dificultades de tipo económico, político y administrativo, Ibagué aún lucha por conservar su tradición y mantener una actividad musical y cultural importante. No se puede negar que Ibagué ha sido uno de los semilleros musicales más importantes del país y que ha formado una innumerable cantidad de músicos que hoy en día integran las diferentes orquestas en Colombia y el exterior.


Conclusiones

Si bien es cierto que Ibagué fue un centro musical importante durante el siglo XX gracias al auge que tuvo el Conservatorio del Tolima, también es cierto que en la actualidad ya no lo es tanto y que otras ciudades como Cali, Medellín y principalmente Bogotá han tomado ventaja en esta disputa, un tanto ridícula, por el título de Ciudad Musical. Quizás, decir que una ciudad es la “Ciudad Musical” es restarle méritos a otras ciudades que también han hecho sus aportes a la historia de la música en Colombia y a la formación de músicos y agrupaciones musicales en el país.

Ibagué no sólo debe su título de ciudad musical a las palabras de un viajero francés, sino también al Conservatorio del Tolima y a toda la actividad musical durante el siglo XX, cuya historia aún no ha sido del todo desentrañada. Hace falta investigar mucho más en el campo de la música en Ibagué y el Tolima. Rescatar las historias de vida de músicos, intérpretes, gestores y compositores que han trabajado de manera anónima por la música de la región.

Ibagué tiene todo para volver a ser el centro musical más importante del país y figurar una vez más en el panorama internacional. Tiene el talento humano, dos conservatorios que si unieran esfuerzos consolidarían todo un proceso musical que iría desde la primaria, pasando por el bachillerato, hasta llegar a la universidad. Hacen falta más apoyos por parte del estado, dejando a un lado el centralismo y más organización y trabajo en equipo.

No obstante, si algo tiene Ibagué que no tienen otras ciudades, es toda su tradición folclórica reflejada en su música y sus ritmos tradicionales como el bambuco, las guabinas, las cañas, los sanjuaneros y su inmortal bunde tolimense. Toda esta tradición aún se conserva intacta en las memorias colectivas de sus gentes y cada año florece con diferentes eventos como el Festival Folclórico Colombiano, el Festival Nacional de la Música Colombiana, el Festival de duetos Príncipes de la Canción, el concurso de composición Leonor Buenaventura, el concurso Cantalicio Rojas, sin mencionar los diferentes eventos que se realizan en la región como el Festival de la Tambora y el Festival del Bunde en el Espinal y el Mangostino de Oro en Mariquita.

Es esta gran tradición folclórica la que enriquece y enaltece a Ibagué como una de las ciudades más musicales en el contexto nacional y la que la diferencia de otras ciudades. Es este folclor el que deslumbró al Conde de Gabriac y que inspiró su pluma para escribir “En Ibagué les encanta la música”. Quizás el título de “Capital musical” esté equivocado, más bien considero que debería ser Ibagué, “Capital de la Música Colombiana”.


Bibliografía

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Referencias

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Imágenes

Imagen 1. Alberto Castilla. Descargada el 12 de enero de 2016 en http://conservatoriodeltolima.edu.co/index.php/conservatorio-del-tolima/quienes-somos/historia/2-uncategorised/34-castilla

Imagen 2. Amina Melendro de Pulecio. Descargada el 12 de enero de 2016 en https://es.wikipedia.org/wiki/Amina_Melendro_de_Pulecio


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