A contratiempo revista digital

A Contratiempo
Recuerde escribir las tildes
ISSN 2145-1958 | Lunes 20 de Mayo del 2024 | RSS

Editorial



Al encuentro de espacios de discusión musicales





Una miríada de eventos académicos donde se debate acerca de la música, bien sea con las otras artes o desde visiones puntuales como la de la educación musical, ha conformado el calendario de eventos colombianos. El Encuentro Nacional de Creación e Investigación Artística, Cali abril 2010, el Encuentro Nacional de Investigación y Documentación Musical, Bogotá diciembre de 2009, el Seminario Iberoamericano de Políticas Musicales, Bogotá noviembre de 2009, el Seminario Internacional Música, Radio y Documentos Sonoros organizado por la Radio Nacional de Colombia en agosto de 2009, el Congreso Nacional de Música en Bogotá febrero de 2009, así como otros eventos regionales han congregado también a investigadores, creadores, intérpretes e interesados en el tema de la música, incluyendo los espacios de discusión que se abren cada vez con más acogida dentro de los festivales de música del país. Las reflexiones que se han suscitado en estos eventos y muchos otros que se han dado por algunas décadas en el país, incluso desde fechas tan tempranas como 1936 para el 1er Congreso nacional de Música realizado en Ibagué, proponen una producción investigativa sobre la música en Colombia importante. Para Peter Wade, dentro de tales trabajos podrían distinguirse tres tendencias: aquellos asociados al folclorismo, otros anecdóticos asociados al periodismo, y un grupo de grandes estudios que ven la música desde lo social, como los trabajos de Carlos Miñana, Ana María Ochoa y Egberto Bermúdez. Las distinciones entre el tipo de reflexiones acerca de la música en Colombia, que también han sido dicotomizados por Miñana, Ochoa y Bermúdez, denuncian en general una incipiente reflexión desprovista de apoyo estatal, de formación adecuada, contrarrestada solamente por un intenso deseo de conversar acerca de la producción sonora del país de los investigadores y músicos que se atreven a escribir. El tesón de investigadores y músicos que toman ventaja de esos espacios de socialización y construyen perspectivas a pesar de la falta de apoyo, y muchas veces de herramientas que debe acompañar sus caminos, motiva la producción de este número de A Contratiempo.

En pos de contribuir a la ampliación de los espacios de socialización de estos encuentros diversos, los números 14 y 15 están dedicados a la publicación de las ponencias suscitadas en el Simposio Conocimientos de lo Musical: Sociedad, Cultura y Política, realizado en el marco del XII Congreso Colombiano de Antropología en Bogotá entre el 10 y el 14 de octubre de 2007 en la Universidad Nacional. Convocado por Ana María Ochoa, Mauricio Pardo y por mí, el simposio convocó propuestas en torno a los múltiples sentidos de la relación entre conocimiento musical, categorías analíticas del fenómeno sonoro y su materialidad. A ellos mi agradecimiento y mi aprecio por el aprendizaje en el logro de construir dos días de discusiones musicales.

Los trabajos allí presentados, fueron profundizados y convertidos en artículos por los participantes a quienes agradezco enormemente su trabajo para que esta publicación fuera posible. Alejandra Quintana, Alejandro Tobón, Carlos Miñana, Carlos Páramo, David Machado, Deise Lucy Oliveira, Elisabeth Travassos, Felipe Cárdenas, Gloria Millán, Jaime Quevedo, y Rafael Sánchez; también a aquellos autores que para la fecha de la convocatoria habían ya publicado sus ponencias, y también a quienes declinaron la invitación. Se sumaron a la iniciativa el compositor Rodolfo Acosta con el análisis de ...pero sonora del compositor y colega Daniel Leguizamón, y los maestros Héctor González con la aproximación a la obra de Alvaro Ramírez Sierra, y Jaime Cortés Polanía con la reseña de la danza-tango Chocoanita, transcripción de la versión para orquesta de salón de Anastasio Bolivar. A todos ellos gracias por el apoyo. Así mismo, el reconocimiento al etnomusicólogo brasileño Rafael de Menezes Bastos por permitir a la revista presentar una traducción al castellano de su ya clásico trabajo del estado del arte sobre el estudio de las músicas indígenas en Brasil, publicado originalmente en al año 2006.

La amplia recepción de la convocatoria para publicar el dossier del simposio nos impulsó a dividir su entrega en dos números consecutivos de la revista, para poder conglomerar temáticas y dar espacio suficiente a cada autor. El primer grupo de trabajos altamente asociados es el que aborda las preocupaciones y discusiones derivadas del trabajo con músicas indígenas en Brasil y en Colombia. Uno de los países más involucrado en el desarrollo de este tema es justamente Brasil, país que se ha ido fortaleciendo en la disciplina etnomusicológica y “apunta a ser la comunidad académica más consolidada en el subcontinente hacia el futuro cercano”, como explica Miñana. Rafael de Menezes Bastos propone en el artículo sobre el estado del arte de la investigación de las músicas indígenas en las zonas bajas de Brasil, que una de las características centrales de esta música es su rol como articuladora de una cadena inter semiótica del ritual en la región. Como explicación de esta característica, aparece entonces el artículo de sobre la música y la danza en la cosmología guaraní escrito por Deise Lucy Oliverira, donde explora el aspecto guerrero de los rituales chamanes del jeroky, donde a través de la experiencia musical y dancística se realizan recorridos sagrados. De otra parte, el tercer artículo proveniente de Brasil escrito por Elisabeth Travassos, aproxima a la problemática del estudio de la voz humana, donde propone un análisis de la poética general de la oralidad debido a la invisibilización de la voz desde diversas disciplinas musicales, y propone caminos metodológicos para abordar una concepción no compartimentada de los hechos de la voz.

De otra parte, y para permitir el abordaje del estudio de lo sonoro indígena en nuestro país, donde las reivindicaciones étnicas y las luchas por la tierra basadas en la necesidad de sobrevivir como cultura son cotidianas, se presenta la segunda parte del estado del arte de la investigación de músicas indígenas en Colombia, del profesor Carlos Miñana. (primera parte). En esta segunda parte logra una perspectiva de lo que se ha producido sobre música indígena, concentrado no tanto en las grabaciones, sino en los documentos escritos. Su lectura de la bibliografía disponible permite percatarse de que la producción se deriva de esfuerzos individuales, asociados a tesis de pregrado en antropología, y en algunas otras disciplinas, así como de investigaciones de profesores universitarios, casi siempre producto de iniciativas individuales y no de grupos, de procesos de investigación en colaboración con comunidades indígenas. Tales esfuerzos deben lograr en el futuro conectar esta producción colombiana con los debates teóricos internacionales.

Al leer de corrido ambos trabajos sobre la producción de investigaciones en música indígenas, es claro que si bien en Brasil se aplaude el interés de investigadores extranjeros y de otros campos distintos al disciplinar por el estudio del tema, en Colombia el profesor Miñana lo denuncia con preocupación, la cual comparto. La distinción radica en que para el caso brasilero hay una estructura fuerte de investigación de formación que se ve complementada por aportes de otras disciplinas, en tanto el caso colombiano es opuesto: la debilidad en la producción académica y audiovisual está directamente relacionada con la débil institucionalización del campo; no hay formación para el estudio de músicas indígenas. Es una necesidad sentida de la que la academia y los entes públicos han de encargarse para poder allanar el camino en la comprensión de la Colombia sonora y su impacto en la vida de la nación. Dentro de una década, quizá, pudiésemos referirnos en América Latina no sólo a los paisajes musicales Tupi o Caribe, sino a los Kogui o Guambianos.

Luego de las preocupaciones por la música indígena, se conjugan en este número una serie de artículos que por sustrato común tienen la aproximación desde una perspectiva novedosa a sus temas de estudio, que incluyen las músicas tradicionales colombianas, tales como las décimas y el bullerengue en el caribe atlántico, el romancero en el pacífico, y la música colonial hispanoamericana. Estos cuatro trabajos elaboran desde perspectivas diferentes discusiones en torno a las implicaciones de las tradiciones sonoras en el país, y estos análisis sociales permiten corroborar que en el país hay una mayor producción de aportes desde la concepción social de lo musical, pero que comparten las mismas dificultades de otros estudios: falta de apoyos institucionales, de formación, y en general de espacios institucionales que cubran estas aproximaciones.

Otro de los campos temáticos de la música en Colombia, que sólo había sido abordado desde la perspectiva histórica, es el de la música colonial en Colombia, y en general en Hispanoamérica, aparece aquí con un tratamiento más que novedoso. El antropólogo Carlos Páramo propone un delicioso ejericio de escucha de varias versiones de cuatro piezas representativas del Barroco Hispanoamericano: Hanacpachap cussicuinin, Oiga Niño Mío de Mi Corazón, Marizápalos y Convidando está la Noche. Estas versiones corresponden a producciones musicales de grupos de música del movimiento de música históricamente informada, que buscan rendir una obra sirviéndose de instrumentos pertenecientes a la época en que ésta fue concebida, con las técnicas de interpretación y con las convenciones retóricas de ese momento. Así, propone analizar esta música desde las grabaciones presentadas validando así el fonograma como texto histórico, de manera similar a como la iconografía ha sido incorporada a la Historia Cultural como documento digno de estudio y validez, y no meramente como fuente, que es el tratamiento más común que recibe el fonograma, y así propone una reflexión de éste como instrumento de invención del pasado.

El sugerente título del artículo de Alejandra Quintana “Si no está en Juego la Vida, sólo es Cosa de Folclor” Las Décimas de Mery Suescum, propone la entrada de la discusión de género en los estudios sobre música, aproximación poco frecuente en estudios en arte, y menos en el país. Su lectura puede ser conjugada con Perspectiva de género en el Plan Nacional de Música para la Convivencia, trabajo realizado con la Beca Nacional de Investigación del Ministerio de Cultura 2008.

La Cultura de la “Gente sin Cultura”, artículo de Alejandro Tobón, investigador del grupo Valores Regionales de la Universidad de Antioquia y con gran trayectoria en la investigación musical comprometida con las comunidades, presenta en esta ocasión un sugerente escrito donde discute la deslegitimación de músicas chocoanas tradicionales, tales como los alabaos, y en general los cantos de gualí usados en los velorios y novenas de sus difuntos que por no seguir las estructuras conocidas de los romanceros españoles, difícilmente tienen cabida dentro de las estructuras del género musical-literario del romance ibérico. Así pues, Tobón construye una defensa del respeto por las dinámicas de apropiación de las culturas de sus propios símbolos sociales y estéticos desde la academia misma, soportado en las reflexiones de Martín Barbero y Ana Ochoa.

El siguiente trabajo con sustrato tradicional, pero de nuevo con una perspectiva novedosa, es el titulado De Cantaora y Cantantes: Apropiaciones Diferenciales del Patrimonio Sonoro de la Nación, donde desde la problematización de la popular categoría de patrimonio inmaterial se discute la producción contemporánea de música tradicional desde las cantaoras tradicionales y una cantante urbana. Allí, no sólo se analizan las implicaciones de la política de la diversidad cultural reinante en esta época, sino también el de la política de la desigualdad.

En el número venidero se agrupan los trabajos que desde las músicas tradicionales reflexionan sobre problemáticas tecnológicas contemporáneas, tales como la producción de música posibilitada por las nuevas tecnologías de grabación; la recuperación de grabaciones de la primera mitad del siglo XX de música popular en Colombia; el análisis del impacto de la música y el discurso ecológico de Velosa desde la perspectiva del navegante de you tube, entre otros.

Esta doble publicación es una continuación del esfuerzo de socializar de manera masiva las discusiones que se dan al interior de estos eventos. El año pasado Mauricio Pardo justamente publicó con la Universidad del Rosario el libro Música y Sociedad en Colombia, Traslaciones, Legitimaciones, Identificaciones, como un esfuerzo de poner a circular los trabajaos asociados al simposio en música del XI Congreso Nacional de Música en Santafé de Antioquia, 2005. La necesidad de publicar y poner a circular las producciones escritas sobre música empieza ser satisfecha a través de canales masivos, como lo es A Contratiempo, aunado a otras varias propuestas de circulación.

A la espera del Congreso Iberoamericano de Cultura, cuyo eje temático será la música, a realizarse en Julio en Medellín, aunque con la noticia del divorcio entre este Iberoamericano y el Congreso Nacional de música que debía preceder el evento, se pone a circular A Contratiempo 14 con la convicción del deber volver pública la construcción de conocimiento para continuar con la constitución de un conjunto de personas comprometidas con la reflexión musical en Colombia.

Beatriz Goubert

Editora